La nueva ley tiene su origen en la Directiva Europea sobre la
materia de junio de 2000, que conminaba a los estados miembros a
transponer su articulado a las legislaciones nacionales antes del 17
de enero de este año. Por ello, el 29 de septiembre de 2000 el
Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCYT) elaboró su primer
dictamen, con la intención de que los trabajos concluyeran a
tiempo.
Sin embargo, la apuesta -sin precedentes- del Gobierno por
exponer los primeros borradores de la LSSI en la Red para recibir
las recomendaciones oportunas por parte de empresas, colectivos y
particulares, así como la demora en la recepción de algunos dictámenes
terminaron por magnificar la polémica que rodeó al anteproyecto
desde su mismo nacimiento.
La idoneidad de la estrategia utilizada también fue puesta en
entredicho por el hecho de que desde el 30 de abril, cuando se
expuso en el web del MCYT el tercer borrador, ningún otro texto
oficial ha sido dado a conocer en Internet.
Fuentes ministeriales han señalado que la ausencia de
actualizaciones de los documentos provisionales tras los informes
del Consejo Asesor de las Telecomunicaciones y de la Sociedad de la
Información, de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones
y de la Agencia de Protección de Datos, estaba prevista desde un
principio, negando las acusaciones de falta de transparencia.
Internautas divididos
Con la publicación de los borradores, la comunidad internauta se
dividió de inmediato entre partidarios y detractores. En el mes de
mayo estalló una campaña en la que los más críticos pusieron el
grito al cielo al augurar el fin de un "Internet libre, al
convertir el suministro de información en una actividad económica
regulada", y considerar que la LSSI iba más allá que la
directiva europea.
Diversos colectivos iniciaron campañas online para derribar un
articulado que nació bajo el signo de la polémica. Las distintas
redacciones respecto a la regulación del correo masivo ('spam'), la
diferencia entre webs personales y aquellos de comercio electrónico
lucrativo, o la posibilidad de que la Administración tuviera
potestad para decretar el cierre cautelar de un sitio en lugar de un
juez, fueron algunos de los argumentos más esgrimidos para expresar
su disconformidad con respecto a la LSSI.
El MCYT recibió durante estos siete meses múltiples propuestas
de 66 entidades -entre ellas empresas como IBM, Telefónica y
patronales del sector como AECE o SEDISI-, algunas de las cuales
fueron incorporadas a los textos de trabajo. Asociaciones de
internautas y partidos políticos también tomaron parte en el
debate por regular por primera vez Internet.
Recelos en la oposición
Los partidos políticos de la oposición también expresaron sus
dudas al respecto de la voluntad de transparencia del MCYT. En el
mes de septiembre, diversos grupos del Senado hicieron llegar un
escrito a su presidenta, Esperanza Aguirre, en el que solicitaban
toda la información disponible referente a la LSSI (dictámenes,
aportaciones, etc).
Todavía la están esperando, y, por ese motivo, hace una semana,
el portavoz socialista de la Comisión de la Sociedad de la
Información y del Conocimiento de la Cámara Alta, Félix Lavilla,
dirigió una carta a la ministra de Ciencia y Tecnología, Anna
Birulés, en la que insistía en solicitar la documentación,
alegando el "excesivo tiempo transcurrido", sin que se
justificara tal demora.
Con la recepción de los tres últimos dictámenes, el texto ha
sufrido las últimas modificaciones antes de convertirse en Proyecto
de Ley. El primero, el informe de la Comisión Europea llegó a
finales de verano; el segundo, el del Consejo General del Poder
Judicial, se produjo a principios de diciembre y fue uno de los más
esperados.
Las dudas suscitadas sobre si afectaba a los derechos
fundamentales de las personas quedaron disipadas al sufrir numerosos
retoques técnicos, pero sin poner en duda su legalidad. Tan sólo
el voto discrepante de uno de sus vocales dio pie a que los más escépticos
volviera a expresar sus dudas.
Finalmente, la remisión del informe del Consejo de Estado, un
amplio texto de casi ochenta páginas, a finales de enero, permitió
que los cuatro ministerios implicados -MCYT, Justicia, Economía y
Sanidad y Consumo- concluyeran el texto que se presentó ante el
Consejo de Ministros, punto de partida para su tramitación
parlamentaria.