Las
reuniones privadas son esenciales en un
proceso de mediación. Le adelantamos que su
objetivo no es hablar "a espaldas de una
de las partes", ni es el objetivo del
mediador "confabularse" con una o en
contra de la otra.
Es legítimo en toda negociación no querer
mostrar todas las cartas en una primera reunión
conjunta con el mediador. No olvidemos que hay
una disputa, que recelamos, que no podemos
evitar ser cautelosos. Así que usted recele y
sea cauteloso que está en su derecho.
La reunión inicial conjunta con las partes
pretende ser un punto de inicio del proceso y
es el momento de mayor complejidad para un
mediador profesional que aún siendo imparcial
se sabe estrechamente observado en su lenguaje
corporal y verbal. Las partes instintivamente
necesitan saber si están ante un amigo o
enemigo cuando el mediador ni es lo uno ni
ciertamente lo otro.
La reunión inicial pone a las partes en
antecedentes respecto al proceso y al mediador
respecto a la naturaleza de la disputa. Si el
mediador ve a las partes atrincheradas en esta
primera reunión no podrá conocer los auténticos
motivos de fondo que originaron la disputa,
esto es, los motivos de cada una de las
partes. Es entonces cuando el mediador convoca
a cada parte a mantener con él/ella breves
reuniones por separado. Previamente el
mediador habrá explicado que estas reuniones
privadas son confidenciales, que el mediador
no mencionará a la otra absolutamente nada de
lo hablado excepto con permiso expreso de la
parte con quien mantenga la reunión privada.
Está usted ahora ante un mediador imparcial
en una reunión confidencial. ¿Qué es lo que
quiere el mediador? Saber qué pasó y por qué,
pero no cualquier porqué, sino el suyo. El
mediador también quiere saber lo que usted
quiere. Si quiere que el mediador haga su
trabajo, que le ayude a resolver la disputa,
este no es el momento de recelar; es el
momento de contarle lo que hay y lo que
quiere. No hay una disputa en el mundo que no
tenga una solución; si usted quiere 10.000
euros, diez mil euros la solucionan. El
problema es que la otra parte se los dé,
porque la otra parte también tiene su solución,
cero. La razón por la que usted está en una
mediación es porque usted sabe --y la otra
parte también--que la solución pasa por el
compromiso.
En esta reunión privada proponga su
compromiso y sus condiciones. No importa que
usted crea que, aún haciendo un esfuerzo de
compromiso, las condiciones puedan ser
inaceptables para la otra parte. Acuérdese,
ya no se hablan; hace tiempo que las partes se
han instalado en el terreno de lo
"inadmisible". Un primer paso, por tímido
que pueda parecer, puede abrir la puerta al
acuerdo. El mediador no le va a decir si su
propuesta es buena o mala; será buena o mala
para la otra parte, no para el mediador. Tras
esta reunión el mediador ahora sabe su porqué
y su propuesta. Le pedirá permiso para
trasladar su propuesta a la otra bien en todo,
bien en parte.
El mediador hará lo mismo con la otra parte,
para conocer sus motivaciones, su propuesta y
su reacción a la propuesta que usted haya
planteado a través del mediador. El mediador
llevará a cabo estas reuniones tantas veces
sean necesarias hasta que sienta que las
propias partes han construido un terreno común
de entendimiento de motivaciones y de
pretensiones. Este terreno de entendimiento no
tiene que estar pavimentado; vale con
allanarlo un poco. Aquí es cuando el mediador
les convocará a una reunión conjunta en la
que pisen por primera vez y juntos este
sendero que acaban de allanar. Ahora sigue
dependiendo de ustedes que el sendero se
convierta en camino, así como pavimentarlo y
señalizarlo, es decir, solucionar el presente
y reconstruir su relación de futuro.
Al final mirarán al mediador y se preguntarán
"¿y éste qué ha hecho?, no nos ha
dicho en ningún momento ni que sí ni que no.
Nunca nos ha juzgado". No le olvidarán fácilmente
sin embargo, ni él a ustedes. Así es la
mediación, la reina de los métodos
extrajudiciales |
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por
José
Antonio García Álvaro
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