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Por
lo general, las pymes disponen de escasa capacidad para
invertir en investigación y desarrollo, tienen un patrimonio
sumamente modesto y no pueden emprender grandes acciones de
promoción comercial y de marketing.
De
ahí que los expertos afirmen que la marca, que resulta ser el
principal activo de una gran empresa, puede ser el único
activo de una pequeña. Y de ahí que las empresas que se
acogen a la fórmula de la franquicia, cuyo fundamento es
precisamente la imagen de marca, presenten en los últimos años
índices de supervivencia mucho más elevados que el resto de
pequeñas y medianas compañías.
Ciertamente,
crear y fortalecer una imagen de marca puede ser caro, pero el
hecho de no poseerla puede salirle a una pyme mucho más caro.
Una firma modesta que no se proyecte mínimamente en el
mercado se enfrenta, antes o después, a la desaparición,
subsumida en la vorágine del resto de competidores. Las pymes
deben, pues, crear imagen con valor y mantenerla. Estos son
las tres actuaciones más básicas:
- Definir
claramente la misión estratégica de la empresa. La
identidad comparativa es la propuesta de valor que la
empresa ofrece a posibles clientes, proveedores, empleados
y sociedad en general. La imagen es la percepción que
tiene el público respecto al grado de cumplimiento de la
oferta inicial, por lo que debe superarse la concepción
de marca como mera herramienta de marketing para
incrementar precios.
- Encontrar
un nombre fácil de recordar y que se asocie al segmento o
actividad de negocio concretos. Los expertos recomiendan
acudir a agencias o asesorías de marketing
especializadas, las cuales pueden hacer un buen trabajo
(nombre, logotipo y manual corporativo) con presupuestos
ajustados, de entre 6.500 y 10.000 euros. Es importante
registrar la denominación y el logo en la Oficina Española
de Patentes y Marcas; y más importante aún es usarlos gráficamente
en los diferentes soportes comunicativos de la firma.
- Comunicar
la política de marca. Los primeros que deben participar
en la imagen de marca son los empleados, ya que serán
ellos quienes más y mejor van a transmitirla y
fortalecerla. Dependiendo del número de personal y de la
dificultad del mensaje a transmitir, bastará con
reuniones entre la dirección y los empleados o será
necesario recurrir a consultores o formadores. Una vez
consolidada la comunicación interna, es preciso
proyectarla a proveedores, clientes y público en general.
El apoyo de las acciones publicitarias es esencial, y las
pymes deben invertir aquí de manera selectiva y racional;
el gasto rutinario en publicidad hace que sólo una pequeña
parte de la inversión resulte eficaz. La selección de
medios o de público objetivo, en función de la actividad
de negocio, suele ser, casi siempre, una opción más
adecuada.
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