El control de gestión es la herramienta que
asegura la consecución de los objetivos a través de la
optimización de los recursos.
Las dos premisas básicas de la
dirección de empresas son, por un lado, hacer un seguimiento
continuo de los gustos de los clientes hasta llegar a conocer el
mercado en sus menores detalles para así poder contestar a la
pregunta ¿qué desea el cliente?; y, por otro lado, una vez que
ya se sabe qué desea el cliente, se debe hacer un análisis de
todos los recursos de que dispone la organización (tecnológicos,
financieros y, sobre todo, humanos), de tal manera que, en cada
momento, se disponga de la estructura de empresa más idónea
para lograr el objetivo primero: la satisfacción de los
clientes.

La adecuación de la estructura como respuesta a los
cambios que se presentan en el entorno de modo continuo exige a
la empresa contar con un amplio margen de flexibilidad en la
disponibilidad de sus recursos. Esto no siempre va a ser fácil
de conseguir, especialmente con algún tipo de recursos como los
financieros, e incluso con los recursos físicos, si bien éstos
pueden quedar fuera de la estructura fija de la empresa a través
de contratos de alquiler, leasing, outsourcing, etc. Los
recursos humanos son, sin embargo, los que deben ofrecer mayor
adaptabilidad a cada situación, pues ante entornos tan
complejos la empresa tiene que ser capaz de acomodar su
organización a las exigencias del mercado.
En la figura 1 se plasman estas
dos ideas fundamentales en la gestión actual de los negocios:
cambio permanente en el entorno y, como consecuencia,
flexibilidad en los recursos empleados por la empresa. Las
alteraciones en el entorno se manifiestan en:
- Las modificaciones tan rápidas
que se dan en las necesidades de los clientes, ya que éstos
exigen nuevas prestaciones de los productos y nuevos
servicios, todo ello con un alto grado de calidad. La misión
principal de la empresa consiste, por lo tanto, en saber qué
es lo que quieren los clientes.
- Las transformaciones de la
competencia global. Y no nos referimos solamente a la
globalización de los mercados, que ya de por sí es muy
importante en el cambio del entorno, sino también a la
diversificación de productos que provoca la entrada en un
sector de actividad determinado de empresas procedentes en
principio de otro sector. Estas dos circunstancias producen
un incremento muy importante en la competitividad.
° El uso de nuevas
tecnologías, que revoluciona continuamente el mundo de la
producción, desarrollando nuevos productos, por un lado, y
alcanzando menores costes y mayor calidad, por otro.
° Los ciclos de vida tan cortos
que tienen hoy en día los productos, quizás como consecuencia
de los cambios tan rápidos que se producen en la demanda. Esto
se traduce en una nueva manera de gestionar la producción en la
que predomina la variabilidad de los productos, pues las
empresas deben renovar su gama en plazos muy cortos de tiempo.
Por lo tanto, los procesos productivos tienen que ser muy
flexibles para poder adaptarse a esa nueva manera de producir,
basada en series muy pequeñas, en la que juegan un papel muy
importante la gestión de la calidad total, el just-in-time,
etc.
Estas características definen la
situación del entorno actual, al que deben enfrentarse las
empresas. Son como las reglas del juego en que participan las
empresas; por eso éstas deben conocerlas muy bien para ser
capaces de lograr sus objetivos. Pues bien, la respuesta que hoy
deben dar las empresas a la situación tan cambiante del
entorno, estará basada en la flexibilidad de su organización.
Si el entorno perdió la estabilidad, las empresas tienen que
adaptarse abandonando sus rigideces y sus pesadas estructuras,
para sustituirlas por organizaciones que les permitan sobrevivir
en un mundo muy diferente. Para ello, recurrirán a incrementar
el grado de flexibilidad en sus recursos y también a organizar
esos recursos de forma que respondan más rápidamente a lo que
demandan los mercados, en especial los recursos humanos, para
los que se establecerán organizaciones más planas que aporten
más agilidad a las decisiones.
En esta situación la
supervivencia se convierte en el fin último de la empresa; se
trata ante todo de permanecer en el mercado en el largo plazo.
Por lo tanto, la primera condición que debe cumplir una empresa
para alcanzar el éxito es la subsistencia, para lo cual debe
ser capaz de adaptarse a lo largo del tiempo a los diversos
cambios que se van produciendo en el entorno. La gestión de los
negocios se convierte así en la gestión del cambio. Por eso la
dirección de la empresa tiene que estar permanentemente atenta
a lo que sucede a su alrededor, captar las señales y, después
de su análisis, responder de forma rápida.
Es precisamente ahí donde surge
la necesidad del control de gestión, ya que a través de esta
herramienta las empresas serán capaces de enfrentarse con éxito
a las situaciones tan turbulentas que dominan los mercados
actuales. El objetivo último del sistema de control no es otro
que conocer en todo momento cómo va el negocio, controlar el
negocio. Una empresa que sabe cómo le fue ayer en su actividad
está controlando la gestión de sus negocios, pues si ese
conocimiento de la situación le dice que alguna o algunas de
las variables de gestión no se desarrollan de acuerdo con el
plan previsto, puede tomar medidas correctoras al instante y
enmendar la situación.
Necesidad del control de gestión
En el desarrollo de la
actividad de todas las organizaciones, en general, y de las
empresas, en particular, aparecen imperfecciones que interrumpen
y perjudican la consecución de los fines para los que fueron
creadas. Es prácticamente imposible que los hechos respondan
permanentemente a las expectativas que esas organizaciones
pusieron en sus operaciones; antes al contrario, lo normal es
que, con cierta frecuencia, las organizaciones se enfrenten a
situaciones imprevistas, tareas mal ejecutadas, incapacidades
para resolver determinados acontecimientos, etc., en definitiva,
sucesos que no permiten avanzar en el camino del logro de sus
objetivos.
Es entonces cuando la dirección
de esas organizaciones debe analizar la situación creada por
esas disfunciones para corregir las causas que dieron lugar a
esos resultados no queridos, y enmendar, dentro de lo posible,
las consecuencias de esas imperfecciones, de tal manera que
puedan mantenerse las metas que se fijaron en su momento las
organizaciones. De esta manera la empresa tendrá realmente el
control de la situación de forma permanente y estará en
condiciones de tomar las decisiones oportunas ante cada
eventualidad.
Ésa es, en pocas palabras, la
razón de ser del control de gestión dentro de cualquier
organización, es decir, detectar de forma precisa y oportuna
las deficiencias que surjan en el desarrollo de las actividades,
y, al mismo tiempo, poner en marcha de inmediato las medidas
correctoras con el fin de alcanzar los resultados previstos. El
control de gestión es, por así decirlo, el supervisor de los
movimientos de la organización, aquel que va a hacer saltar la
alarma cuando verifique que las realidades no se corresponden
con el programa establecido. Así podemos establecer un primer
concepto de control como supervisión o seguimiento de los
hechos; digamos que es el medio para conocer la situación.
Un segundo concepto de control
hace referencia al dominio de esa situación; así, tendremos el
control de la situación cuando tengamos el dominio de la misma.
Por lo tanto, el control de gestión se puede entender como un
medio y, también, como un fin; en el primer caso hablaremos del
conjunto de herramientas necesarias para saber cómo se están
haciendo las cosas dentro de la empresa, y en el segundo caso
estaremos pensando en una función de carácter global en manos
de la dirección de la empresa que le dará el dominio de la
situación y, entonces, le permitirá implantar las medidas
correctoras oportunas.
Decíamos, además,
que el objetivo último de la función de control consiste en
asumir el fin de alcanzar los resultados previstos. Es
precisamente ese objetivo de asegurar los resultados lo que
provoca la intervención del control de gestión desde el primer
momento en que empiezan a realizarse las operaciones, ya sean de
diseño de producto, fabricación, venta, etc. Sin embargo, y de
acuerdo con lo comentado hasta ahora, se entenderá que
previamente habrán de desarrollarse los planes de la empresa
tanto a largo como a corto plazo, aquellos documentos que
recogen los fines que la empresa pretende alcanzar en el plazo
de tres/cinco años y los resultados para el próximo ejercicio.
En una palabra, antes del control debe existir la planificación,
que resume, en definitiva, el conjunto de objetivos que van a
ser objeto del control. Pero además, es posible que la misma
función de control proponga modificar la planificación fijada
ex-ante, por considerar que no es la adecuada para la nueva
situación. Entonces, el control puede, de hecho, determinar la
planificación de la empresa. En fin, que más que de dos
funciones independientes, planificación y la de control, deberíamos
hablar de una macrofunción que engloba a esas dos: la función
de planificación y control. Así, en la figura 1 se puede
observar cómo la relación entre estas dos funciones se
establece en doble sentido, para indicar precisamente esa
dependencia mutua.
Podemos distinguir dos grandes áreas
de trabajo dentro de la función de control: la estratégica o
de largo plazo y la operativa o de corto plazo. En un caso nos
referimos al control estratégico, y en el otro al control
operativo. El objetivo del primero es el seguimiento de la
estrategia y de las variables y planes estratégicos, y el
segundo se fija en las variables y planes operativos. Ahora
bien, el ámbito que abarca la función de control tiene que
comprender tanto el control estratégico como el control
operativo. Por eso se tendrá el control de la situación cuando
se supervisen y dominen, además de los planes operativos, las
variables estratégicas. No se puede abandonar, como se hace en
algunas empresas únicamente interesadas en el día a día, el
campo del control estratégico para centrarse únicamente en el
control operativo, porque entonces la dirección de la empresa
estará perdiendo oportunidades de mejora de cara al futuro.
Por otro lado, es interesante
destacar que el control es consustancial al funcionamiento de
cualquier organización, ya que no se concibe la actividad de
ninguna organización sin la existencia de la función de
control. De lo contrario, reinaría en ella el descontrol, o lo
que es lo mismo, el desconocimiento de la situación en la que
se encuentra esa organización. Se puede pensar tanto en una
empresa como en un hospital, una asociación cultural, un club
deportivo, o en cualquier otro tipo de organización; en todas
ellas se hace imprescindible saber si se están alcanzando los
objetivos previstos, que en cada caso serán de diferente
contenido, pero cuya consecución es fundamental para que la
organización salga adelante. En definitiva, el control de gestión
es una fase fundamental del proceso de dirección, sin la cual
no es posible garantizar la consecución de los fines por parte
de las organizaciones.
Pero, además, en la situación
reinante en los mercados actuales, en la que predomina la
inestabilidad y el cambio permanente, es ineludible la
implantación de un sistema de control completamente diferente a
los existentes en los mercados estables, en los que prevalecía
el presupuesto casi como único instrumento de control. La gestión
actual de las empresas precisa un sistema de control más
global, que preste atención a cada uno de los procesos que se
desarrollan en el ámbito de su actividad; entonces ya no es
suficiente controlar los presupuestos y los costes como ocurría
en situaciones más estables. Por el contrario, en los entornos
tan dinámicos en que nos movemos eso por sí solo se queda muy
incompleto; hace falta seguir la evolución de todas las
variables de gestión de la empresa, en realidad de toda la
organización, ya que todo debe funcionar a la perfección. Se
puede decir que hoy debe haber más control, o mejor aún, otro
tipo de control. Es la situación del entorno la que exige otro
sistema de control.
Lo que nunca puede llegar a ser
el control de gestión es un fin en sí mismo. El control es una
herramienta imprescindible en manos de la dirección que debe
ayudar a ésta en el logro de los resultados, pero nunca se debe
caer en el error de hacer del control una especie de vigilancia
o inspección de las personas. Al contrario, la función de
control tiene como misión el seguimiento de los procesos y de
las tareas ejecutadas por las personas pero contando siempre con
la implicación de esas personas en el proyecto de la organización.
En otro caso, generará rechazo desde el momento de su
implantación.
Tampoco se puede
equiparar control de gestión a control interno o auditoría
interna. La finalidad de estas herramientas es diferente a la
del control de gestión, ya que su misión consiste en verificar
que determinados procesos, generalmente de tipo administrativo y
financiero, se desarrollan adecuadamente, y nada más. Algo
parecido ocurre con el control de calidad, cuya misión reside
en comprobar que el producto o servicio que presta la empresa
cumple con los mínimos de calidad exigidos a ese producto o
servicio. La contabilidad de costes en sus distintas versiones
(ABC...) se utiliza a veces como sinónimo de control de gestión,
quizás porque en los mercados más estables de otras épocas lo
fundamental era vigilar los costes de producción, ya que el
mercado era algo así como una constante dentro del modelo de
cuenta de resultados; en aquella situación la mejora de la
rentabilidad dependía casi en exclusiva de la disminución de
los costes. Sin embargo, el control de gestión es mucho más
que la contabilidad analítica, que el control de calidad y que
el control interno. Éstas son herramientas utilizadas por unas
determinadas áreas de la empresa pero siempre al servicio del
control de gestión, que tiene una visión global del negocio.
Para ser competitivas, las
empresas necesitan saber, de manera perentoria, cómo van las
cosas en cada momento, para lo cual es necesaria una labor de
seguimiento de las actuaciones de la empresa. El control de
gestión avisa a la dirección de la empresa cuando las
variables fundamentales de la gestión no están alcanzando los
valores previstos en el plan de empresa. Entonces la dirección
debe analizar las causas de lo que está sucediendo para
implantar las medidas correctoras que corrijan la situación. Ésta
es precisamente la finalidad del control de gestión: corregir
la situación para volver a la senda del plan de la empresa. Por
eso hablamos de control de gestión como control de la situación.
El sistema de información como
apoyo a la gestión
A este nuevo modelo de
gestión empresarial que estamos comentando se refería Pedro
Ballvé, director general de Campofrío, en la Revista de Economía
editada por el Consejo General de Colegios de Economistas,
cuando decía:
Al final, ¿qué es lo que
hacemos nosotros desde que entramos en el despacho hasta que
salimos? Yo no estoy en la máquina, estoy aquí procesando
información, y en función de ella tomo decisiones. Dependiendo
de que esa información sea buena o no, que sea a tiempo real o
no, pueden variar las posibilidades en ciento ochenta grados. La
evolución y los cambios son tan rápidos que es necesario tener
una muy buena información. De la forma en que esa información
se gestione y se aplique dependerá mucho la calidad de las
decisiones. Es necesario, por ejemplo, saber cada semana cuál
es la cuenta de resultados de tu negocio. No se puede esperar un
mes para conocer el balance, porque cuando te lleguen esos datos
se habrán producido ya dos o tres cambios de situación. Ahí
hace falta hacer un gran esfuerzo por parte de la empresa española.
Los europeos, los americanos, gestionan la información más ágilmente,
con mejores medios.
Este párrafo resume de forma
clara, a mi modo de ver, cómo debe hacerse la dirección de
empresas en los mercados actuales: disponer de un sistema de
información que apoye el funcionamiento del control de gestión,
ya que éste requiere información para marcar objetivos, para
medir los hechos y para decidir qué medidas correctoras se van
a implantar.
En primer lugar, es necesario
destacar el papel fundamental que la información desempeña en
la gestión de los negocios, ya que se trata ante todo de tomar
decisiones de forma continua para responder de manera urgente a
las situaciones tan cambiantes que se presentan en los mercados.
Para asumir el menor riesgo en esas decisiones, los directivos
tienen como misión principal la de procesar toda la información
que está a su alcance.
Las decisiones que toman las
empresas se refieren tanto a la planificación y organización
del negocio como a las actuaciones de gestión diaria que se
presentan en el desarrollo de la actividad. Tanto en uno como en
otro caso, esas decisiones requieren previamente un acopio de
información, que será más sistemática y con predominio de la
información externa en el primer caso, y más informal con
información externa e interna en el segundo caso. Al mismo
tiempo, al enfrentar los objetivos de las variables contenidas
en los planes a largo plazo y a corto plazo con la medida de los
hechos reales, la empresa va a disponer de una información de
las desviaciones habidas en la ejecución de los planes. En
definitiva, en la gestión de la empresa debe existir siempre la
información necesaria para afrontar las distintas decisiones,
información que será muy diversa y estará siempre disponible
en el momento oportuno.
Esta reflexión se muestra en la
figura 1: el sistema de información de la empresa tiene como
misión conectar a ésta con su entorno para que pueda enterarse
de lo que pasa a su alrededor; a través de la información
recibida del exterior y de la que genera la propia organización,
y en función de los recursos disponibles, se tomarán las
decisiones tanto de planificación, largo plazo, como de gestión,
corto plazo, que luego serán objeto de seguimiento por parte
del sistema de control.
Desde el punto
de vista de la gestión, el objetivo de la dirección de la
empresa debe consistir en conocer en todo momento cómo va el
negocio. En muchos casos es fundamental acortar el plazo de una
semana que proponía Pedro Ballvé para conocer los resultados
con el fin de conseguir dar respuesta a la pregunta ¿qué
sucedió ayer?; es decir, ayer cómo nos fue el negocio, cuáles
fueron los resultados de ayer. Y, por supuesto, en esa
contestación habría que incluir toda clase de resultados, de
tal forma que tengamos una fotografía real de lo que está
sucediendo en nuestra empresa cada día: la cifra de ventas y márgenes,
los stocks de producto y de materia prima, los impagados, la
captación de nuevos clientes, las reclamaciones, incluso los
incidentes como averías de las máquinas, huelga de
transportes, etc. En definitiva, toda aquella información
necesaria para gestionar la empresa, para tomar decisiones con
la mayor rapidez.
Esta necesidad de saber al
instante cómo va el negocio no es potestativa de las grandes
empresas; también es una necesidad para las pequeñas empresas,
que deberán disponer de la información imprescindible para
saber si van en el buen camino. Quizás los sistemas de
información sean más rudimentarios y no permitan alcanzar ese
objetivo de informar diariamente de la situación global de la
empresa, pero, en todo caso, se puede sustituir ese objetivo por
otro u otros más elementales, también de periodicidad diaria,
o semanal en algún caso, que ofrezcan luz suficiente como para
conocer cómo se están haciendo las cosas. Un ejemplo de esto
podría ser la elaboración de un informe diario de los pedidos
recibidos a lo largo del día anterior. Acaso no requiera un
gran esfuerzo simplemente registrar los pedidos y valorarlos
en unidades físicas y monetarias, y ya con eso la dirección
de la empresa se hace una idea muy aproximada de cómo va el
negocio a través de la evolución de los pedidos; éste puede
ser un buen índice de la marcha del negocio.
Quiere esto decir que cada
empresa, en función de su tamaño, estructura, sector de
actividad, etc., deberá diseñar el sistema de información que
se adapte a sus necesidades para a través de él saber cómo va
su negocio. Siempre será mejor disponer de un sistema de
información aunque sea muy sencillo, pero que informe de esa o
esas pocas variables fundamentales del negocio, que de otro muy
sofisticado pero que a la hora de la verdad no nos ofrezca
seguridad en los informes que elabora. Lo fundamental es
disponer de información fiable en el momento oportuno sobre
pocas variables antes que de grandes cantidades de datos con
poca o nula fiabilidad, o con grandes retrasos. Todas las
empresas independientemente de sus características necesitan
"su sistema de información"; de otra manera su gestión
no podrá ser eficaz.
Es importante subrayar cómo en
los mercados actuales la dirección de empresas se basa
fundamentalmente en la gestión de la información, frente a la
gestión de la producción que predominaba en otras épocas, en
las que los mercados eran mucho más estables, por lo que la
toma de decisiones no requería la urgencia de hoy en día. Esta
necesidad de información para la gestión cuenta con el
extraordinario apoyo que prestan las modernas tecnologías de la
información, ya que sin su colaboración sería impensable
agilizar, como se hace, la toma de decisiones. Las actuales
tecnologías permiten tener conectada a toda la empresa en una
gran red de información que está recibiendo de forma
permanente datos y más datos, tanto de carácter interno como
externo, que el sistema transforma en información a la que
tienen acceso las personas encargadas de la toma de decisiones.
Sistema de control y resultados
La volatilidad de los
mercados exige a la dirección de la empresa el control sobre
sus resultados de forma permanente. Debe saber cómo lo está
haciendo en el día a día, para lo cual debe establecer un
proceso continuo de toma de decisiones y medida de resultados,
y, a continuación, determinar si es necesario implantar las
medidas correctoras adecuadas. En última instancia, la
finalidad del control de gestión consiste en asegurar la
consecución de resultados.
El fin básico de toda actividad
económica consiste en lograr el mejor aprovechamiento de los
recursos disponibles. Así, las empresas tratan de conseguir los
resultados que supongan la mayor rentabilidad para el
accionista, ya sea a través de un incremento en el valor de las
acciones, ya en forma de dividendos, pues los inversores buscan
en la empresa la obtención de una plusvalía para sus ahorros.
En las asociaciones sin fines de lucro de carácter público
(hospitales, universidades, etc.) o privado (asociaciones
deportivas, culturales, etc.) no se pretende tanto la búsqueda
de una rentabilidad financiera como alcanzar otra serie de fines
de tipo social para los ciudadanos o asociados: mejora del
servicio, nuevas prestaciones, etc.
En ambos casos,
en apariencia tan distintos, existe un elemento común que
preside toda la actividad económica desde el origen de los
tiempos: la consecución de beneficios. Dentro de las empresas
el objetivo último es la obtención de beneficios al menos en
el largo plazo, de tal manera que con ellos puedan retribuir al
accionista y además conserven en la empresa una parte para
inversiones en nuevos proyectos. En este sentido, la gestión y
el control tienen como finalidad ayudar a las empresas en el
logro de ese objetivo.
La gestión empresarial se
convierte, de esta manera, en una necesidad básica para que la
empresa alcance el éxito en el desarrollo de su actividad. Sin
una buena administración de los medios económicos va a ser muy
difícil que las empresas puedan ser competitivas. Podrán
aguantar algunos años el tirón de la competencia, subsistir al
amparo de algún producto o mercado, pero en el medio o largo
plazo se impondrán aquellas empresas que lleven a cabo una
gestión empresarial eficiente sacándole el máximo provecho a
los recursos de que disponen.

Desde este punto de vista, la función de control tiene
como finalidad maximizar la ecuación que relaciona resultados
con recursos, precisamente para mejorar la competitividad,
premisa básica de la administración de empresas. Esto es lo
que se muestra en la figura 2: el control de gestión contribuye
a la mejora de la competitividad a través de la optimización
de los recursos. Se trata de sacarle el mejor partido a los
medios de que dispone la empresa, generalmente escasos, ya que
siempre quisiéramos tener más de todo.
La función de control busca esa
optimización, mediante el seguimiento permanente de la evolución
tanto de los resultados como también de los recursos
disponibles en cada momento. La falta de control dejaría los
resultados de la empresa en manos del azar, ya que las cosas se
estarían haciendo bien o mal pero sin conocimiento directo por
parte de la dirección de la empresa; al final del ejercicio
económico existiría un alto grado de incertidumbre sobre esos
resultados.
En términos de eficacia, se
suele hablar de la rentabilidad económica como el ratio que
ofrece una medida fiel acerca de la correcta utilización del
activo de la empresa en la consecución de los beneficios,
calculados éstos antes de intereses e impuestos. Si traducimos
activo por recursos, y beneficios por resultados, ya podemos
establecer a través de la rentabilidad económica una
clasificación de la gestión empresarial en distintas empresas
o en la misma empresa en diferentes momentos. Es decir, calcularíamos
el valor de ese ratio y decidiríamos la calidad de la gestión
empresarial, en función de los importes observados.
En consonancia con la visión
actual del concepto de gestión empresarial, la verificación de
sus resultados debe ser mucho más completa. Para calificar
adecuadamente la gestión de una organización, antes de nada
debemos disponer de dos listas: una que incluya los recursos que
la dirección de la empresa recibe de sus accionistas para la
puesta en marcha de la actividad económica, y otra con los
resultados alcanzados. Una vez tengamos la lista de recursos y
la de resultados, diremos que la mejor gestión empresarial es
aquella que consigue la mejor relación entre ambas.
En el capítulo de recursos
disponibles se deben incluir absolutamente todos los medios que
la empresa utiliza en el desarrollo de su actividad. Entonces,
hablaríamos de lo que en términos contables denominamos
activos de balance. Pero, además, existen otros recursos, que
no siempre figuran en el balance (como los intangibles el
prestigio de la empresa, las marcas, el know-how, la tecnología,
etc., las personas que forman parte de la organización y la
cartera de clientes) pero que juegan un papel muy importante en
la competitividad de la empresa. Todo este capital debe ser
gestionado de manera eficaz para conseguir su optimización en
forma de resultados.
La lista de los
resultados que la empresa pretende alcanzar mediante el uso
eficaz de los recursos no puede ceñirse a los resultados
puramente contables o económico-financieros. La gestión de los
mercados actuales, con vistas siempre en el medio y largo plazo,
debe tener además otras expectativas. Así, junto a esos
resultados que aparecen en la cuenta de pérdidas y ganancias de
la empresa, ésta debe procurar otros objetivos si, como parece
razonable, pretende sobrevivir a lo largo del tiempo, fin último
de toda organización.
Aun dentro de los resultados económico-financieros,
la dirección de la empresa debe marcarse más objetivos que el
beneficio contable. Así, bajo la óptica de la supervivencia,
es necesario que la empresa busque mejorar en el tiempo su
estructura financiera, ya que la mayor disponibilidad de fondos
propios le facilitará la financiación de proyectos futuros, le
dará más flexibilidad financiera. Para conseguir rebajar ese
ratio de endeudamiento, la dirección de la empresa deberá
fijar su política de autofinanciación; en definitiva, qué
porcentaje de sus beneficios se quedan en la empresa. Otro
resultado de carácter financiero muy importante es el que se
refiere al coste del capital: cuánto le cuesta a la empresa la
financiación ajena, y de ésta, qué importe supone la
financiación sin coste. Y, por último, para no alargar
demasiado la lista de objetivos, se podría incluir el período
medio de maduración, pues de su duración va a depender de
manera importante la financiación de la empresa.
En los resultados comerciales de
forma parecida a como ocurría con los resultados financieros
existía, hasta hace unos cuantos años, el predominio casi
exclusivo de un único objetivo a cumplir: las ventas. El
departamento comercial funcionaba bien cuando vendía mucho,
nada más. Hoy este fin de incrementar las ventas debe ir
complementado por otros, pues se trata, ante todo, de permanecer
en el mercado en el largo plazo. Entonces la dirección de la
empresa debe procurar entre otros los siguientes objetivos:
- Conseguir una alta participación
en el mercado que le asegure estabilidad.
- Disponer de una amplia gama de
productos que satisfaga las necesidades de sus clientes,
para lo cual, dado que los ciclos de vida de los productos
son muy cortos, debe lanzar con éxito al mercado productos
nuevos con una determinada periodicidad.
- Lograr unos márgenes tales
que permitan generar los recursos suficientes para continuar
los procesos de inversión necesarios.
- Alcanzar reconocimiento en el
mercado a través de marcas, imagen de empresa, saber hacer,
etc. Esto dará a la empresa un gran potencial para
incrementar otros objetivos ya citados como la cuota de
mercado y los márgenes.
El coste del producto fue quizá la
variable de gestión por definición, ya no de la producción,
sino de toda la empresa hasta la llegada de la incertidumbre y
el cambio a los mercados. El fin último de la producción en
serie de grandes lotes de producto no era otro que reducir el
coste del producto. Hablamos, claro está, de mercados mucho más
estables, en los cuales gestionando el coste del producto, se
gestionaba el negocio, pues el mercado constituía una constante
dentro del modelo de gestión, tanto por el ámbito geográfico,
como por los productos y los clientes; cada una de estas tres
variables estaba prácticamente predeterminada, sus
modificaciones eran mínimas si no inexistentes. En cambio, hoy
ocurre todo lo contrario: el mercado es global, es para todos
los competidores, la gama de productos es enorme y en continuo
cambio, y los clientes no están cautivos en ninguna empresa; al
contrario, buscan la mejor oferta de servicio y precio.
Por estos motivos se debe superar
el objetivo coste para contemplar otra serie de variables que
constituyen en los mercados actuales mínimos competitivos, sin
los cuales no se concibe que la empresa pueda permanecer en el
mercado. Estos objetivos son:
- La calidad del producto o el
servicio que se oferta al mercado. Aunque la estrategia de
la empresa no tenga por fin supremo la diferenciación por
calidad, sino por precio, nunca debe olvidarse de la calidad
que su producto lleva implícita.
- La reducción de los plazos de
entrega del producto. Los clientes no esperan por nadie;
ante el menor retraso buscan otra alternativa.
- La variabilidad de productos
ligada a la flexibilidad en la producción. Ésta es quizás
la premisa fundamental de la producción en la actualidad,
ya que los lotes de productos son cada vez más pequeños y
más personalizados, y esto exige a la empresa una gran
adaptabilidad en sus diseñadores, ingenieros, máquinas e
instalaciones, para conseguir esa flexibilidad que le
permita pasar con facilidad de fabricar un producto a otro.
Esta característica de la producción arrastrará consigo
para bien o para mal a los costes, la calidad y el plazo de
entrega; de ahí que sea muy importante una buen gestión de
los procesos productivos.
- El aprendizaje de la
organización. En relación con el apartado anterior, la
empresa tiene que aprender a fabricar de otra manera, para
poder adaptarse a las necesidades de los clientes. Entre
otras cosas habrán de modificarse los procesos, la tecnología
empleada, la gestión de materias primas, etc.
Ésta es una pequeña lista de
aquellos resultados que la empresa debe alcanzar en el
desarrollo de su actividad para mantener su competitividad en
los mercados. En la actualidad, el dinamismo del entorno exige a
la empresa el logro de objetivos en muchas variables de gestión,
todas ellas de una importancia enorme para su supervivencia. Y
para alcanzar esos objetivos, las empresas disponen de una múltiple
variedad de recursos, pero entre todos ellos destaca uno: las
personas.
Dentro de su organización las
empresas cuentan con personas que se encargan, por un lado, de
la ejecución de las tareas productivas, comerciales,
administrativas, etc., y por otro lado, con otras personas cuya
misión es dirigir la marcha de la empresa, es decir, el
personal directivo en sus distintos niveles. Tanto unas como
otras son un recurso importantísimo para la empresa, pues de su
trabajo depende, en última instancia, tanto la calidad como los
costes, la innovación, la atención al cliente; en definitiva,
la competitividad de la empresa.
Pues bien, en este sentido, la
dirección de la empresa deberá incluir dentro de su lista de
objetivos uno muy importante, de cuyo logro van a depender prácticamente
los resultados de todos los demás. Se trata de la creatividad.
Éste es un recurso potencialmente ilimitado en poder de las
personas, que la empresa deberá gestionar con suma atención
para que reporte el máximo provecho al funcionamiento de toda
la organización. Para ello, debe conseguir, ante todo, la máxima
participación de todas las personas en el proyecto de la
empresa, a través de motivación, formación, remuneración,
promoción interna, etc.
Después de analizar esta relación
de objetivos de gestión, cada una de las empresas hará en
función de su estrategia, de su tamaño, de su sector de
actividad, etc., una selección de aquellas variables de gestión
que considera más importantes en cada momento desde el punto de
vista de los resultados, ésas en las que va a centrar su atención
de cara a la mejora de la competitividad. En definitiva, estará
confeccionando su cuadro de mando, elemento fundamental del
sistema de información que sirve de apoyo al sistema de control
de gestión en su misión de controlar la situación.
Conclusiones
Los entornos en que se
mueven actualmente las empresas son tremendamente cambiantes,
frente a la estabilidad que dominaba hasta mediados de los años
setenta. La complejidad derivada de ese dinamismo de los
mercados provoca una gran incertidumbre en las actuaciones de
las empresas. Por lo tanto, la gestión misma debe adaptarse a
esta nueva situación; se convierte en la gestión del cambio,
en la cual es imprescindible para la empresa estar muy atenta a
todo lo que ocurre a su alrededor para no perder las riendas del
negocio.
En estos entornos tan complejos,
la dirección de empresas se basa en tener en todo momento el
dominio de la situación, saber dónde estamos y a dónde
queremos ir. Pues bien, este dominio de la situación lo va a
proporcionar el control de gestión, que se va a encargar
precisamente de hacer un seguimiento continuo a las variables básicas
de gestión en la empresa, detectando las desviaciones de los
resultados de esas variables con relación al objetivo fijado
por la empresa. El análisis de esas diferencias va a permitir
conocer las causas que las originaron, y, entonces, la función
de control de gestión implantará las medidas correctoras
oportunas con el fin de enmendar la situación. A través de
este proceso permanente de vigilar y corregir, la empresa tiene
en todo momento el control de la situación.
Para que el control de gestión
sea capaz de controlar la situación se precisa un eficaz
sistema de información. A la hora de determinar los objetivos
es necesaria la información, para medir los resultados es
necesaria la información, también del análisis de las
desviaciones se va a obtener información; en fin, el sistema de
información se convierte en una herramienta imprescindible en
la gestión de empresas. El tratamiento de esa información va a
permitir a la empresa tomar sus decisiones con un mejor
conocimiento de la situación.
Por otro lado, el control de la
situación implica en última instancia un control sobre los
resultados, ya que la dirección de la empresa tiene como misión
fundamental conseguir la maximización de sus objetivos. El
control de gestión es la herramienta que va a asegurar la
consecución de esos resultados a través de la optimización de
los recursos.
Antonio Sanin Vilar
Es licenciado en Ciencias
Económicas y Empresariales por la Universidad de Santiago,
profesor de Control de Gestión en la Escuela de Negocios
Caixavigo y director financiero del Grupo MAFARI. |