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| Cuando
competir es cuestión de salarios
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| Cambian
las reglas del juego. La UE se amplía. Llegan diez nuevos países
que ofrecen mano de obra barata; justo donde España, hasta hoy,
era más competitiva. |
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¿Contratar
a un trabajador español por 14,4 euros por hora o reducir el
coste a tres fichando a un eslovaco? Pronto cualquier empresario
podrá incorporar a su estrategia la pregunta que las grandes
multinacionales se hicieron ya hace mucho tiempo y que tardaron
mucho menos en contestar. Cuando los diez países del Este se
integren como miembros de pleno derecho en la UE el mercado
laboral tomará como máxima lo de Somos europeos. España
confirmará que ha dejado de ser un país exportador de mano de
obra a recibir casi un millón de nuevos inmigrantes cada año.
Entonces la migración laboral, como señalan los expertos, será
verdaderamente un problema: las elevadas tasas de paro en sus países
de origen, unidas a los mayores sueldos de Occidente y más
calidad de vida, lanzará a los nuevos socios a la conquista del
cercano Oeste. Llegarán de países donde la mano de obra es, de
media, entre tres y cinco veces más barata que en España.
Y cuando no sea el trabajador quien cargue con la mochila en
busca de una vida mejor, serán las propias empresas las que
vayan en su búsqueda. Samsung hizo a las maletas a principios
de año para trasladar la producción de Cataluña a Eslovaquia
y así pagar salarios casi cinco veces más bajos. No se trata
de un caso aislado: otras compañías, como Philips, Autotex o
Nissan, han anunciado ya su marcha o planean estrategias de
deslocalización hacia el Este, cuya principal ventaja es la
elevada competitividad por los bajos costes laborales.
Los datos hablan por sí solos: los 14,2 euros brutos por hora
que cobra de media un trabajador en España, se reducen a una
media de 4,21 en los nuevos socios del Este, según los datos de
las Cámaras de Comercio. Junto con Eslovaquia, Letonia (2,4),
Lituania (2,7) y la República Checa (3,9) protagonizan los
casos más llamativos. A ello se suma que un 83 por ciento de la
población del Este ha alcanzado, al menos, la educación
secundaria; en España, sólo el 43 por ciento.
Serán las cifras que guíen las decisiones empresariales tras
la ampliación, mucho más que las relativas a la productividad,
la innovación tecnológica o la formación de los trabajadores.
La historia confirma que no se trata de una hipótesis: los países
del Este pasarán a ser lo que representó España hace una década
para las multinacionales, cuando presumía de bajos costes
salariales.
Pero la historia ha dado un vuelco. Ahora, no "vamos a
competir con los socios del Este en mano de obra; simplemente,
porque no podemos", reconoce Juan José De Lucio, director
del Servicio de Estudios de las Cámaras de Comercio. Israel Muñoz,
del Servicio de Estudios de Caja Madrid, comparte esta opinión:
"España ya no es un país competitivo en cuestión de
salarios con Europa, y aún menos con los países asiáticos:
todos los sectores con bajos costes de transporte, reducido
nivel de tecnología y mano de obra intensiva se verán
perjudicados".
El impacto de la ampliación ya se deja sentir entre los
empresarios. "Una de cada cinco compañías identifica
efectos en la contratación de mano de obra, que se incrementará
más en la industria y la construcción que en el sector
servicios", apunta De Lucio. A día de hoy, el 20 por
ciento de la población en edad de trabajar que reside en España
procede de países comunitarios, cerca de 51 millones de los 252
totales. Es lógico que las cifras aumenten tras la ampliación.
"Ante las grandes diferencias per cápita entre los países
miembros y los candidatos, el nivel significativo de paro que
padecen estos últimos y los lazos que mantienen con algunos
socios comunitarios, cabe pensar que, tras la integración, podría
tener lugar un aumento considerable de los flujos migratorios
procedentes del Este", señala el Servicio de Estudios de
La Caixa en La ampliación de la UE: efectos sobre la economía
española.
¿Una amenaza? Sí, al menos a corto plazo. En una visión de
futuro, los expertos apuntan a que los costes laborales
convergerán en los Veinticinco. De ahí la necesidad de
reforzar la competitividad de la economía española, para
elevar el nivel de actividad y el empleo, y potenciar su
internacionalización. |
Un análisis de
Estela S. Mazo |
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