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Si
bien es cierto que continúa resultando un episodio
desagradable y perturbador, el despido ya no es tan traumático
como antaño, siquiera sólo por su mayor frecuencia,
propiciada por los cambios jurídico-laborales. En buena
medida, el despido ya no es tanto una catástrofe como una
transición, bien que no deseada, en la carrera de un
profesional.
Naturalmente,
los despidos se producen porque algo no marcha adecuadamente,
ya sea por parte del empleado o por la del empleador, y sólo
eso incorpora ya el ingrediente básico para considerar estos
episodios como una circunstancia negativa. Y qué duda cabe
que, si el despedido lo pasa mal, para el responsable de
comunicarlo y ejecutarlo (con frecuencia su jefe directo) es
la peor de las funciones que un directivo está obligado a
desempeñar; prueba de ello es que ningún ejecutivo hace gala
en su curriculum del número de colaboradores directos
despedidos.
El
despido hay que llevarlo a cabo, aunque no guste, y hay que
tener en cuenta que, dependiendo de la peor o mejor capacidad
en realizarlo, sus consecuencias serán peores o mejores para
la compañía y para el empleado afectado. Además, una vez
ante lo inevitable, lo menos que puede esperar un empleado es
que lo despidan correctamente (al margen de las condiciones y
compensaciones financiero-laborales).
Existen
muchas recetas y opiniones acerca de cómo despedir, algunas
de ellas contradictorias. Se dice que el día en que más
frecuentemente se comunica el despido son los viernes, y ello
es lógico si se piensa que, instintivamente constituye una
manera rápida de escapar a la presencia del despedido (al
menos hasta el lunes). Sin embargo, muchas voces se han alzado
en contra de los viernes, pues tal proceder dice poco acerca
del buen hacer del directivo que comunica el despido (su carácter
es débil) y de la organización.
Efectivamente,
esto sólo puede significar que a la compañía no le importa
el empleado, ya que impide que éste pueda controlar la
situación antes del fin de semana y comunicárselo a terceras
personas: clientes, proveedores, resto de departamentos. En
este sentido, el mejor día, es el lunes o martes a primera
hora. Otros expertos defienden, sin embargo, la idea de que se
haga el miércoles a última hora, un momento igual de
operativo pero más discreto si lo que el afectado desea es
que el episodio pase desapercibido.
Sobre
quién tiene que asumir la responsabilidad del proceso, los
expertos se muestran unánimemente de acuerdo: ha de ser el
jefe directo, si bien puede estar acompañado del director de
recursos humanos, dado que el trance es difícil y puede ser
necesario un apoyo personal y un asesoramiento jurídico-laboral.
Ahora
bien, es extremadamente importante no deteriorar la figura del
responsable de RR HH con el tema de los despidos. Es necesario
evitar a toda costa que esta clase de intervención sea la única
o la que más frecuentemente adopta el director de personal
ante la plantilla; la función de RR HH ha de ser estratégica
y beneficiosa para empleadores y empleados, y es preciso
dignificarla. Resulta imprescindible erradicar apelativos como
el de "ladrones de cadáveres", con el que se conoce
a los miembros del departamento de RR HH en muchas empresas,
dado que sólo aparecen cuando se registra una baja
involuntaria.
Es
importante preparar un informe de salida, en el que se
expliquen los detalles de la indemnización, los beneficios,
las fechas de partida y las condiciones. Además, es bueno
concretar la entrevista del afectado con el departamento de
recursos humanos, que tendrá preparados la carta de despido,
si procede, el saldo y el finiquito.
En
cuanto a la comunicación del despido en sí misma, ésta
tiene que ser clara y directa, sin circunloquios ni intentos
de crear un ambiente distendido. Aunque hay que darle tiempo
para que el empleado cuestione el despido, el jefe debe
explicar los motivos, pero sin discutirlos, porque es una
reunión informativa.
Desde
luego, la entrevista de desvinculación varía si es por un
mal desempeño o si es para reducir costes, y se preparan y
ejecutan de manera diferente. En el primer caso el problema es
cómo enfrentarse a la situación, ya que puede haber una
reacción negativa. No obstante, si ha habido una buena
comunicación con el empleado, no debería ser una sorpresa
para él. Por el contrario, cuando es una decisión
empresarial, se puede resaltar su contribución a la compañía,
pero sin ponerse jamás de parte del despedido.
Más
concretamente, estas son algunas recomendaciones que cabe
tener en cuenta para el correcto planteamiento de la
entrevista de despido:
- Comunicar
el despido en los primeros tres minutos de la reunión
para que la persona pueda expresar su malestar y
cuestionar el porqué de su despido.
- Objetivar
de forma clara las razones del despido sin debatirlas ni
argumentarlas.
- No
mantener una actitud a la defensiva ni sentirse obligado a
convencer a la persona de que el despido es justo.
- No
echar a la persona de forma agresiva o llegar al punto de
un ataque personal contra los logros o capacidades.
- -No
realizar ningún comentario que juzgue o que se refiera a
los rasgos personales o hábitos del despedido.
- Entregar
el informe de salida, de forma que el despedido pueda
revisar todas las condiciones.
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