El absentismo laboral no es una
cuestión reciente, desde que el trabajo existe hay empleados
y jefes que se ausentan de sus jornadas laborales o no
responden a las responsabilidades que les corresponden. Cada
empresa, ya sea pequeña, mediana o multinacional, siempre
contará con un porcentaje de trabajadores que,
justificadamente o no, se ausentará de su puesto de trabajo
durante algunos días, meses, e incluso años.
Junto a los problemas económicos
que esto conlleva para las distintas organizaciones, se
produce una serie de deficiencias a nivel organizativo que
influyen negativamente en la planificación laboral y en el
bienestar del resto de trabajadores que sí están presentes
en sus puestos de trabajo.
Dentro de los procesos
productivos internos, la ausencia de algunos empleados obliga
a las empresas a asumir costes que no siempre tienen
contemplados, como la necesidad de cubrir el puesto con una
persona que no está completamente asimilada con la práctica
del absentista, incluso se puede dar la situación de que
cierta maquinaria no se pueda utilizar ya que sólo el ausente
está capacitado para operarla.
Según las cifras aportadas
durante los últimos años por el INE, el promedio de faltas
al trabajo por parte de los empleados es alrededor de 22 horas
al mes, lo cual se traduce en una pérdida entre un 1,5% y 4%
del PIB total en la Unión Europea.
Junto a las ausencias
justificadas están las injustificadas, lo cual inquieta tanto
como las primeras, ya que reflejan la falta de motivación por
parte del empleado (o el jefe) para asistir a su oficina. A
estos dos tipos de absentismo tenemos que añadir un tercero,
el absentismo presencial, que cada día se hace más habitual
en las oficinas españolas.
Éste consiste en dedicarle
parte de la jornada laboral a actividades personales u otras
que no guardan relación con las tareas propias del puesto de
trabajo. Consultar páginas web, usar el correo electrónico y
chatear con fines personales son algunas de las más comunes.
En Norteamérica el absentismo
presencial se conoce como internet absenteeism o ciber-skiving,
y los expertos se muestran preocupados porque se ha
transformado en una de las principales adicciones de los
oficinistas. Para muchos se ha convertido en un estilo de vida
debido a varias razones. La primera es el entretenimiento al
navegar por sitios de interés propio; otra es el coste del
uso -la conexión de internet en el hogar aún resulta cara
para numerosos trabajadores-, y también la necesidad de
realizar ciertos trámites a través de la red, desde pedir
hora al doctor hasta organizar las vacaciones de verano o la
ceremonia de una boda.
El absentismo justificado por
causas médicas conviene controlarlo a partir de una clara y
eficaz solicitud y entrega de partes médicos, con el fin de
cuantificarlos, identificar cuál es la razón y por cuánto
tiempo se deben otorgar. Teniendo claros estos tres puntos la
empresa podrá intervenir para reducirlos, aplicando una
correcta política de recursos humanos.
El absentismo injustificado,
relacionado con el incumplimiento del horario laboral, puede
controlarse a través de una ficha que registre la llegada al
lugar de trabajo o la hora en que el trabajador enciende y
apaga su ordenador, u otras máquinas que utilice diariamente.
El absentismo presencial puede
reducirse con una adecuada comunicación. En la entrevista de
selección, o a través de una cláusula especial en el
contrato de trabajo, la empresa puede transmitir cuál es su
política frente al uso de las nuevas tecnologías con fines
personales.
Si bien estas medidas de
fiscalización pueden dar resultado, la clave para extirpar de
raíz el problema está en atacar directamente las razones que
lo producen. El absentismo radica principalmente en la falta
de motivación que tienen los empleados para desarrollar sus
tareas. Mientras haya mayor desvinculación entre empresa y
trabajador, el número de inasistencias será mayor.
El problema se agranda cuando
junto a la falta de motivación se presenta un clima laboral
poco grato, situaciones de inseguridad, insatisfacción
laboral, falta de expectativas, injusticias laborales o
responsabilidades familiares. Por lo que es necesario que las
empresas, y especialmente los departamentos de recursos
humanos, integren en su planificación iniciativas que apunten
a una mayor identificación por parte de los trabajadores con
sus empresas, a establecer un buen clima laboral y buenos
canales de comunicación que posibiliten una mayor confianza
entre jefes y empleados.
José
María Grande Murillo
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